Los
Calendarios.
Los cambios estacionales,
la sucesión del día y la noche, así como los movimientos
cíclicos y periódicos del sol y la luna, brindaron al ser
humano un marco temporal al cual relacionar sus actividades
para constituir un orden.

La sucesión y repetición
de estos ciclos temporales y su registro posiblemente hayan
sido el germen de la contabilización y la medición de periodos
temporales: días, semanas, meses, años.

Desde los albores de la cultura
humana uno de sus fundamentos fue la organización de la
actividad cotidiana por medio de los distintos tipos de
calendarios. Unos asociados, en las etapas más tempranas,
a la luna y al sol, luego a ciclos de los planetas o a grupos
de estrellas específicos.

La observación de los eventos
celestes sirvió para determinar con mayor precisión los
momentos adecuados para el inicio de las siembras, la preparación
de los terrenos o la llegada de las lluvias o el tiempo
de sequía.
Texto por: Juan D Morales.
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